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martes, 5 de junio de 2012

Mi maleta, mi trabajo y yo.

Siempre me ha gustado viajar, e irme fuera del país a trabajar, ha sido uno de mis sueños. Así lo atestiguan ciertos pirrikis sufridos y pasados. Y el tercero de ellos todavía no se me ha pasado.
Ante la imposibilidad (de momento) de marcharme fuera, opté por una solución intermedia: escoger un trabajo que tuviera viajes.
Cuando empecé este trabajo sabía que tendría que moverme mucho, pero aunque te lo cuenten, no conoces las verdaderas circunstancias hasta que las sufres. ¿Viajar? Por supuesto que gusta, pero por placer, no por trabajo.

A pesar de ello, no todo es malo. Algunas de mis deducciones:

Lo que no me gusta:
Viajar sola. La compañía se agradece, la verdad. Las esperas se hacen menos tediosas y más divertidas.
Tener que sonreír, aunque no me apetezca. Mantener la pose a veces se me hace bastante cuesta arriba. Porque a veces simplemente, no me apetece ser simpática.
Viajar en fines de semana o fiestas. Coger un avión un domingo, o sábado, o día festivo en general por motivos de trabajo, debería estar prohibido por ley.
Aviones, controles y demás. Somos cachos de carne ante el pitidico de los aeropuertos y demás controles. Cachos de carne con potenciales armas de destrucción masiva, porque evidentemente, tengo pinta de terrorista y mi maquillaje es en realidad una bomba fétida lista para explotar en medio del avión. Amosnomejodas.
El descontrol con la ropa. Llegas, pones la lavadora, no se seca, haces la maleta, me falta el traje, coges otro, te vas, vuelves a llegar, pones la lavadora....MIERDA! te olvidaste de colgar la anterior. Y no tiene buen aspecto.
Desconexión con el mundo. Con lo que a mi me gusta estar al día...
Tener mucho tiempo para pensar. Hay que tener cuidado, que los pensamientos los carga el diablo.
El tiempo fuera de España. Ya se lo dijo Dorothy a Totó: En casa como en ningún sitio. [O era a la Tía Emma??]

Lo que me gusta:
Viajar. Porque sí, porque mola.
Conocer gente nueva. Porque de repente puedes conocer gente encantadora, simpática y refrescante.
Ver las pintas de la gente. Y que te gusten y copiarlas. Y cuando las copias en tu país parecer una mamarracha. Aunque eso último no me gusta.
Sentirme pequeñita. Me encanta ver que me superan en altura. Me estiro más y me siento normal, bueno para mi espalda y para mi ego.
Los días de compensación. Sin comentarios.
La desconexión con el mundo. Porque  luego se cogen con más ganas las últimas noticias.
Tener mucho tiempo para pensar. Porque ayuda mucho ver las cosas con cierta perspectiva.
Las habitaciones de hotel. Me gustan. No las limpio yo, me las encuentro siempre perfectas y de momento no me han decepcionado. Toca madera.
Echar de menos mi casa. Jo, y a mi gato.
Aprender a valorar lo que tengo. ¿Porque cuando nos falta es cuando nos acordamos de ello? Como la comida, o el clima, o el estilo de vida, o...
Volver. Y siempre vuelvo.

Lo peor de todo es que cuando estoy, quiero irme, y cuando me voy, quiero volver. Si llego a saberlo.....no me voy de Erasmus!!!.

miércoles, 13 de julio de 2011

Pirrikis, vibras e indignaciones varias.

Desde finales del 2010 dejé entrever que tenía algún que otro proyecto relacionado con el trabajo.

Vale, pues voy a contarlo.

Pero antes tengo que poneros en antecedentes.

Siempre he estado muy acostumbrada a mudarme, cambiar de sitio y empezar de cero. No sé porqué lo que a otras personas les da un miedo atroz a mi me da vidilla, me gusta y me excita en cierta forma..a lo mejor es porque al divorciarse mis padres, mi vida se convirtió en un periplo que consistía en: ahora vives aquí, ahora vives allá y ahora pascual. Ese modo de vida a veces era un poco traumático, pero afortunadamente, siempre tuve bastante suerte: di con gente fantástica que aún guardo en mi memoria (y en mi agenda de teléfono) y gracias a las redes sociales (herramientadeldemonio= feisbuk) estamos más o menos al día.
En fin.

El caso es que cada cierto tiempo, si no me encuentro satisfecha, si algo no funciona, o si baja la virgen (con la teta al hombro:P) a verme...empieza a moverse un cosquilleo en la tripa, que se sube hasta el cerebro y entonces llega: el pirriki.
Una idea se asienta en mi cabeza: tengo que irme.

En mi infancia y adolescencia cambié de ciudad unas 3 veces, quicir, tres colegios (Y un Instituto) diferentes, amigos diferentes, casas diferentes, y todo eso en mis primeros 17 años.
A los 18 (re)llegué a Madrizzz. Mi ciudad. Dondé nací.
Comencé la universidad, hice amigos, conocí a un chico....

1er. Pirriki: me voy de Erasmus. Lo tenía clarísimo. Me quería ir.
Desde que estuve un verano en Francia, SABÍA que tenía que irme al menos un año fuera.
Eso sí. Dude mucho, porque justa estaba empezando a tener una vida en Madrid, unos amigos, hobbies, pareja...pero me fuí. Y no me arrepiento para nada.

Volví después de un año, y cogí con ganas lo que dejé aquí, pero reconozco que ahora le daba un valor diferente, no se trataba de más o menos, sino diferente. Irte un año fuera te cambia la perspectiva, y la mía había cambiado.
A los pocos años del Erasmus, comenzó otra vez el puñetero cosquilleo ....
Y se me presentó la posibilidad de irme de prácticas al meollo de lo que yo en ese momento estaba estudiando....así que:

2º. Pirriki. Me voy de práticas.
Lo tenía tan claro que hasta sopesé el quedarme allí más tiempo del que me habían concedido con el stage. Porque además,  ese tiempo sí que me cambió la vida. Los amigos que hice son hoy mis AMIGOS. Con mayúsculas [y por su culpa ahora me preguntan que si soy del Norte de España...manda huevos!]

Al final no me quedé, entre otras cosas, porque no me gustó en absoluto el tejemaneje que ví en el ámbito laboral. Enchufismos, lameculos, y pelotas que dejaban a  la meritocracia como una mera quimera.

Volví y oposité, pensando que en el sector público encontraría parte de esa igualdad de trato que veía que faltaba en el privado.
Ilusa de mi.

No sé porque con lo lista (o listilla, más bien) que soy a veces, cometó estos errores de principiante medio anormal.

Cierto es que no siempre sucede, pero últimamente muchos puestos en el sector público se están dando por amiguismos y politiqueo. Y no hablo de puestos políticos, en los que se ha asumido que así es el juego, y así va a seguir siendo (por desgracia). Si no que hablo de puestos de caracter técnico -NO políticos-, para los que se requiere un perfil cualificado y profesional. Indignante.

Y porqué estoy mezclando estos dos temas?

En Otoño empezó otra vez ese cosquilleo.
Y cada vez se hacía más fuerte.
Y me entraban más ganas de salir corriendo. Se acercaba el 3º pirriki.

Y...se presentó la oportunidad. Antes de que acabase el año me informaron de que podía solicitar dos puesto fuera de Madrid (y de España). En dos ciudades espectaculares.
Por un lado miedo: nuevamente empezar de cero. Por otro....ahí estaba ese cosquilleo y esa excitación, y la vocecilla se hizo más fuerte: "Venga, Ada, venga...hazlo!".

Y lo hice.

Cuando llegó el momento eché los papeles. Y sé, positivamente y de muy buena fuente, que tenía posibilidades.

No. No han salido. De momento el 3º pirriki se ha quedado en un conato.
No pasa nada.
Contaba con esa posibilidad. Y [propio de mi] tengo un plan B. Casi siempre lo tengo.

La indignación viene porque quienes se han llevado esos puestos son gente con color político, que gracias a una llamada de teléfono y contactos , no laborales, sino personales, han logrado hacerse con él. En fin.
Ahí está mi indignación. 

Muchos podríais pensar que lo que estoy es "despechada" y que me escuece que no me lo hayan dado a mi. No podrían estar más equivocados. Es indignante y desmotivador ver como la promoción profesional no depende de tu trabajo. Y no lo digo solo por estos puestos, sino porque en estos tiempos estamos asistiendo a un momento de "ratas a la carrera" que...mejor me callo.

El caso es que al final me quedo en España. Y de momento mi cosquilleo ha remitido [creo que le han dado naúseas al ver como está el panorama]. Y si no ha salido, por algo será, o al menos, es lo que me gusta pensar. Ahí está mi vibra.

Porque, como ya he dicho tengo un plan B.
Casi siempre lo tengo.

martes, 14 de diciembre de 2010

Doble sentido (o como descubrí que en mi trabajo son unos malpensados)

Mi trabajo consiste básicamente en papelear. Recibo unos papeles, los preparo para presentarlos en reuniones semanales, y luego los despacho rápidamente para que la burocracia  no se eternice como acostumbra.

Esta semana teníamos la reunión programada para el lunes (por problemas agendiles derivados del acueducto de la Constitución), y yo preparo la documentación con un mínimo de 48 horas de antelación, más o menos, para que de tiempo a todos los asistentes a la reunión de leerse los papelotes. Por eso, en esta ocasión,  me puse un poco más firme de lo habitual con la documentación que tenía que preparar y decidí no aceptar nada que no me hubieran enviado antes del viernes pasado.

Pero claro, siempre hay excepciones...y un asunto urgente llegó a mi mesa el viernes a las 13:00h. Como era excepcional, y la documentación la habían enviado perfecta, decidí incluirlo para la reunión del lunes.

Ayer en la reunión, el responsable de este asunto (llamémosle Z) dió las gracias por nuestra diligencia, y yo en respuesta dije: "No te preocupes Z, todo lo que nos metáis vosotros siempre viene bien"

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[Risitas en la Sala]

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[Caigo en el doble sentido. Me empiezo a poner muy roja, y yo NUNCA me pongo roja]

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[Cambio de tema radical del "Jefe-Jefazo" que presidía la reunión]

La reunión, por fin, continua...

Teniendo en cuenta que este doble sentido es más propio de mi hermana y sus amigos (16/17 años), y que exceptuándome a mí, la media de edad de los miembros de la reunión no baja de 45... se me ponen los pelos como escarpias cuando pienso en manos de quién está el país.

Como escarpias.